EL OBJETO. Una contrucción del Arte Contemporáneo


MUESTRA PATRIMONIAL | EL OBJETO,
UNA CONSTRUCCIÓN DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

Mayo 2012
Desde que fueron legitimados como obras de arte, aquellos objetos que Marcel Duchamp seleccionó de su entorno y los postuló en esa categoría, los objetos han tenido un papel preponderante en el arte contemporáneo y han sido motivo de debate desde entonces.
Pasadas unas cuantas décadas y avanzados los interrogantes sobre que condiciones tienen que ofrecer para ser considerados dentro del mundo del arte, los objetos se han abierto camino de mano de artistas que se desprenden de significantes y connotaciones, se divorcian de representaciones, de mímesis y de semejanzas, para solo tratar con la ambigüedad clasificatoria, sostener el desdibujamiento de los límites, valorar otros dominios perceptivos y entronizar su expansión desde prácticas excluidas de las experiencias tradicionales.
Así es como el objeto, ese novedoso relato visual que se construye a si mismo, desde nuevos enunciados sin declaraciones previas, se propone desde una nueva relación interpretativa y por consiguiente aporta una múltiple acción discursiva sobre sí mismo.
Al estar en un delicado paréntesis de transición, nos ubica en esa privación de ser, en ese ser en trámite que lo tiene como tema y motivo, ya que toca los bordes de la omisión, de la no referencia identitaria y se crea alrededor de él un nuevo orden que busca su sustancia y su dominio. Dicho de otro modo la caída de los metarrelatos que codificaban y clasificaban todo lo que el mundo del arte abarcaba, mas la crisis que se produce con ellos respecto de la significación, los pone en un lugar de singularidad absoluta con códigos nuevos, manifestaciones propias y hasta por descubrir.
Por otro lado hacer obra con lo irrepresentable, con lo que linda con las afueras del registro identitario conocido, hace del objeto del arte contemporáneo un artefacto con presencia simbólica propia, como ente que arrasa con los soportes de filiación sostenidos desde siempre. Así entramos en algo que caracteriza a este tipo de obras, lo inasible con identidad primaria por conocer, que pivotea entre ser depositario de nuevos sentidos y responde  con valencias de la pura invención.
Debemos crear un relato de esta nueva trayectoria que anima y sitúa a los objetos, desgarrados de la imaginería en la que reposó durante años el mundo del arte y a la vez legitimados desde lo indesignable, como clasificación, esta incertidumbre identitaria probablemente es su mayor valor, y es lo que lo sostiene, así como su nueva materialidad.
Los artistas juegan un papel de creadores absolutos sobre el dominio de los objetos, sin nada donde apoyarse, sin analogías que resolver, crear de la nada, desde la escurridiza ausencia, comenzar de cero para lograr una identidad, una esencia. Esta es una  tarea compleja. Son los artistas quienes presentan, exploran y determinan sus obras, atraviesan la evanescencia de existencias pasadas y franquean nuevos saberes y nuevos procesos, crean referentes y significaciones desconocidas, traspasan los límites, cruzan las fronteras y sostienen otros andamiajes.
Fernanda Aquere, Fabiana Barreda, José Luis Roces, pertenecen a este grupo de artistas, cada uno tiene una manera particular de insertarse en la singular naturaleza de borde sinuoso que es el objeto. Con resonancias propias, cada uno recupera una característica intrínseca de sus objetos creados: la ambigüedad. De ese modo arrojan al campo de atención visual obras con estatus estéticos diferentes, la ambigüedad de la que hablamos requiere de una especial devolución del espectador, convertido en clasificador de la indefinición de un lugar certero y pleno desde donde sustentarlo, en esa no pertenencia de la vaguedad se verá, frente a estas obras, en la situación de tener que preguntarse de que se trata,  de solo contemplador pasará a señalar una problemática clasificatoria que no se planteaba hasta la irrupción de los objetos en la escena visual.
De este modo al operar como un proceso sensorial primario se encuentra la relación semántica de lo que podríamos denominar unidad perceptiva como novedad referente, que a la vez se constituye como construcción con códigos propios, con sus relaciones instrumentales, con los significados residuales y con los excedentes visuales fundantes que propone. Así la pretensión de regularla como unidad perceptiva se pronuncia desde un discurso en latencia, inscripto en teorías cuyo centro de sentido es la pertinencia y la articulación de su propia determinación como objeto de arte. Es decir, se procede según los atributos posibles de codificar atravesados por un sistema de relaciones y de desciframientos que siempre estará operando desde el desplazamiento de combinaciones y equivalencias retóricas por las complejas permutaciones propuestas por los propios objetos.
Este desplazamiento de la ambigüedad clasificatoria frente a la presencia de la hibridez, que adopta múltiples formas, diversos soportes, mezclas de medios visuales y de disciplinas para lograrlas, produce una oscilación enunciativa, una evidente experiencia desestructurante para definir un relato visual sobre ellas.
Esta forma de ver, consiste en una nueva manera de decir, en un verdadero descubrir que la comprensión solo puede ser pretenciosa y aleatoria. Tales objetos tendrán unos aportes, otros señalarán diferentes rasgos y sin poder asirlos en su totalidad, dudando de su artisticidad, podremos captarlos en su universo de parcialidades, con un sesgado cúmulo de indefiniciones.
El objeto presenta situaciones en donde la percepción naufraga errante en dudas. Por momentos su compromiso es solo sensorial, por otros puede ser lúdico si la obra lo propone.
Escurridizas tensiones de la incertidumbre y de una cosmovisión fragmentada  desde la indefinición, se registran como resistencia al cambio de paradigmas explorados con anterioridad. Ambigüedad, dualidad, indefinición, disolución de la objetividad histórica, desmaterialización de la obra tradicional, son moneda corriente en las obras actuales y se configuran desde un sistema dialéctico que entrelaza una variable sustancial de diversos elementos, que irán conformando la reflexión teórica sobre la práctica artística que se libra hoy por hoy.
Probablemente múltiples significantes conforman una obra, varios encuentros semánticos se alinean alrededor de ella, cantidades de referencias connotales o tal vez nada que considerar, nada por referenciar, solo un conglomerado de anuncios desconocidos que abarcar, que crearán una vasta polisemia de soporte para teorizar sobre la obra actual. Crear nuevos contenidos que trasciendan la comprensión existente, dará algunas pautas para un acercamiento certero, deberemos ir fundando teorías sobre lo que acontece y así construir un nuevo arraigo.


Salas del MAC

 








Grupo Movidero

GRUPO MOVIDERO | POÉTICA COMÚN
Irene Berzero - Juan Ellena - Ana García - Rocío Granero
Abril 2012

Espacio colectivo

Gestualidad, simpleza y autonomía, son las características a prima facie que exhiben los integrantes del Grupo Movidero en sus obras, se observa un énfasis en el espacio constructivo del encuentro para la producción en grupo, se destaca el acento puesto en la pertenencia como colectivo artístico. Hay en ellos un discurso legitimador que es la coherencia sistemática de usar estructuras mínimas, casi excluyentes de cualquier posible sentido más allá de sí mismas.
Mirar el final del relato visual de cada obra  (que posee estructuras y construcciones objetivas), muestra un conjunto de propiedades que las convierte en un sorprendente corpus de ideas y conceptos previos, analizados hasta el hartazgo para ser lo que son como resultados.
La fusión de proyectos comunes, a la vez que individuales, caracteriza a este grupo, motiva sus realizaciones y es su causa común, esto los determina e identifica.
En todos los casos también aparece el bienestar perceptivo de los modelos narrativos visuales, que pretenden cumplir un papel activo en la producción. La conciencia artística de sus integrantes alude permanentemente a sus responsabilidades estéticas, afectando también a quienes participen de sus prédicas, de sus instrucciones y hasta de sus predicciones respecto de lo que muestran y de lo que acontecerá con sus obras. Entre arte conceptual y relacional se van desarrollando procesos y resultados.
Decir que en su progresivo desarrollo el grupo aporta novedades en el escenario actual no es poco, a medida que definen su quehacer artístico, se desplazan a un nivel que lo redefine, ya sea por sus representaciones, o por sus conceptos sobre las mismas, hay determinaciones filosóficas intrínsecas de la propia naturaleza de la visualidad del arte, y por consiguiente un adentrarse, un atravesar nuevos fundamentos para continuar y avanzar.
Con cimientos fuertes, seguramente el Grupo Movidero acomodará las fichas y ofrecerá resistencia consigo mismo, el rumbo lo marcará el autoconocimiento, la toma de conciencia autorreferencial sobre quienes son, cuales son sus nuevas estrategias y las acciones en consecuencia, evidenciando una identificación con lo actual como legado, con un nuevo plano de acción desde su propia esencia.
Cada integrante tiene aportes personales que hacen al conjunto constructivo.

Juan Ellena y sus figuras de animales sintetizadas por el negro absoluto, retrotraen a las antiguas imágenes de libros de biología, donde la retina invertía la realidad, transmitía la información desde el ojo al cerebro, reflejándola tal cual es. En una especie de exhibición óptica traza el recorrido de unión entre los componentes, enfocando un orden alineado con los centros neurológicos para la lectura de los signos, en una síntesis preparada para tal fin. La designación unificadora de izquierda a derecha, diagonales o de arriba hacia abajo las sostiene en el espacio en un orden propio que atraviesa el campo visual. Esta casi planimetría de objetos y punteados, de encuentros y vínculos, produce vibraciones implícitas de contraste simultáneo y nuevas leyes desde la interacción de cada unidad pictórica-dibujística.
Ellena confronta a través de imágenes esenciales, en núcleos de acción, en recorridos de aconteceres, en reuniones de seres, despojando de todo ornamento  a sus figuras, subraya la memoria de un tiempo ocurrido en sus imágenes.  Simples trazas del acontecer sin estorbo alguno, solo la única sentencia del estar en el universo, producir los enlaces, ser parte de historias comunes y dejar el rastro de cada encuentro.
Por otro lado presenta como corolario de su obra el vinculo con la naturaleza, la directa actividad orgánica dentro del continuum visual que se observa en un video, donde el despliegue de la simplicidad y la directa percepción del espectador,  dejan en claro que se invoca a la naturaleza con su universo de belleza y perfección para presentar el hábitat ideal sin la intervención humana proyectando su dominio absoluto.

Las obras de Rocío Granero son esas marcas, esos gestos en acción, ese mostrar el momento de realizarlas con el humano incorporado en la pura acción gestual, la artista es parte de la escena en un doble juego como sujeto y objeto de su propia obra, como referencia activa, como efecto y contenido de la obra.
Las imágenes refieren a la primitiva instancia del dibujo, cuando todavía no estaba reglado, cuando no había condicionamiento alguno que determinara modos de manejar la línea, Granero se instala allí, se ocupa de ello y es la protagonista. Crea campos prerrepresentacionales de fuerza metafórica, de enlace con las leyes universales primarias, ocurridas en los inicios de todos los tiempos, el hombre en estado original, sin latencias colaterales, ni síntomas de leyes ni reglas para expresarse. Tanto es así que la mayoría de sus huellas las deja plasmadas con su mano izquierda, actos casi reflejos de cada individuo, haciendo referencia  a si mismo y a su gestualidad, logrando coincidencias anticipadas que inquietan en lo profundo. Levedad en la simpleza, fuerza en la autonomía conceptual y agudeza de sentido en el espacio constructivo del gesto. El registro como un lenguaje de apropiación con reglas asociativas, actos que refieren y llevan a la artista a recuperar la memoria ancestral de analogías genuinas y substanciales de nuestra percepción visual.
Huellas dejadas una a una, sin otro motivo que la repetición continua y el anclaje en la primitiva escena del inicio de la estadía del hombre en nuestro planeta.

Irene Berzero arremete con el color en todas sus intensidades, construye sus obras con un sentido unificador, “no tienen que significar, tienen que ser”, por eso usa los colores como protagonistas absolutos, solo trata con ellos, y los valida una y otra vez, por sí mismos son el elemento y además son el motivo y el tema. Forma y contenido se diseminan, reduciendo su fuerza en pos del elemento color que es quien prima y determina su obra.
Resulta evidente que no hay funcionalidad ni sentido de ornamentación  en la utilización de todas las combinaciones posibles del color. La eliminación de cualquier ente superfluo que remita a lo representacional, hace de las obras de Irene Berzero experiencias visuales únicas, revelaciones de su accionar con veredicto individual: estimular la visualidad humana desde la transmisión vibratoria que provoca el color, este es un modo de crear leyes propias en el universo visual.
Los libros que presenta condensan el desarrollo individual de su trabajo combinado con los aportes de participantes invitados a la labor. La espontánea respuesta de los mismos encuentra en Berzero una devolución activa de gran interés para la artista. Escuchar otras voces, acusar recibo de otros saberes sobre el tema en cuestión es lo que motiva el video con entrevistas donde aparecen las más variadas respuestas sobre lo que es el color para cada uno. De alguna manera genera el espacio para que los entrevistados hagan su propio tratado sobre el tema. Libera acciones a través del juego, convoca y produce un diálogo que no depende de formación alguna.

Las máquinas de dibujar de Ana García son una manera de construir en términos de la acción propia primero y la del otro después. Esta cadena de acontecimientos que favorece a los intereses de la artista que proyectó desde el concepto, desde el discurso visual su obra y luego transplantó sus ideas en objetos concretos y a estos en eventos predecibles, guiando acciones simples que tendrán su consecuencia visual. Una idea fuerza, un instructivo, un conjunto de prácticas sobre los objetos, dan como resultado un sinfín de producciones sobre la hoja en blanco.
García no deja que los otros gestualicen sin control, pone datos y hace referencias que se imponen primero visualmente (al encontrarse con las cajas-máquinas de factura impecable), atraídos por los objetos lúdico-visuales. Luego vendrá la acción pautada y la complicidad de los participantes, la actividad reglada: insertar herramienta, regular, hacer presión, deslizar, extraer, conservar. Esto dará  resultados variados y originales como cada uno de los manipulantes.
Otra vez el gesto, la huella dejada allí, la imagen posible que solo se verá luego de concluida la acción. Producir juntos artista – espectador, activa una poética vinculante que permite dinamizar lecturas diversas desde un denominador común.

 Grupo Movidero en el MAC.







Montaje
 

 







Salas del MAC