MARTHA PARDO - PETE CÁNAVES

MARTHA PARDO - PETE CÁNAVES
03 de Junio 2011
Jugarse la vida

MARTHA PARDO

Bichos patudos, florones peludos, ojos desorbitados, rostros sorprendidos, hiedras trepadoras, cuerpos de gusanos devenidos en cuadrúpedos, infinidad de sistemas y centros vitales se presentan en las obras de Marta Pardo.
Colorista hasta límites insospechados, valida una y otra vez todas las variantes de cada uno de los colores, en matices que escapan a lo conocido y dan una amplitud a cada uno de ellos, pronunciándose desde la complejidad de su abanico cromático.
Su flora y su fauna son propias, sin espejos donde apoyarse, sus seres sugieren un universo excéntrico y una imaginación inagotable. Toma algunos datos que la naturaleza le aporta y da existencia a un conjunto de personajes que parecieran extraídos de fábulas. Marta Pardo plantea un nuevo universo, su tarea consiste en mostrar un mundo diferente, creado en paralelo a las exigencias y necesidades mundanas, priorizando la imagen infantil y el feliz período que ello supone. Allí se detiene, se acomoda a sus anchas, deja fluir sus imágenes que acarrean con naturalidad una ternura indescriptible.
Sus composiciones  están basadas en un esquema de leyes complejas que permiten conjugar  temas y motivos en una unidad pictórica-dibujística sin contradicciones.
Hay en estas obras  una luminosidad expresa, la incidencia de los focos  de luz crea contornos marcados y produce una disposición de las formas que se vislumbran como totalidad compositiva.
Añade detalles insólitos a cada personaje en escena, dando cabida así a fuertes revelaciones que emanan una agradable conformidad desde donde se las mire.
Frescas, coloridas, alegres, voluptuosas, exageradas por momentos, las imágenes de Marta Pardo se suceden unas a otras en una correlación que se percibe de inmediato. Todas fluyen como en un relato visual que las contiene y abarca, formando un conjunto extendido y continuo que se vislumbra novedoso y revelador.

  
PETE CÁNAVES
Juguetes, objetos móviles, esculturas lúdicas,  son las maneras de mencionar las obras que Pete Cánaves presenta en el MAC. Desde hace décadas este creador de nuestra comunidad viene gestando y construyendo sus “ideas” con autonomía de conceptos y con estilo propio.

Sus obras son instrumentos visuales concretos, con una constante expresiva que se traslada en el tiempo y que se perciben como figuras que poseen una función simple y directa, con el solo hecho de manipular correctamente su movilidad o de intervenir con determinación sobre lo que produce su dinámica.
El artista pone en evidencia una  práctica lúdica inseparable de la estructura formal de cada objeto, acude al movimiento para crear una provocación manifiesta en el espectador, así se comunica con el otro, desde el humor y la picardía que cada figura en acción produce. La interacción es parte de su discurso visual, que también refresca con el humor, no falta tampoco la ironía, el sarcasmo y la sorpresa, cuando aparece ese punto clave en descubierto que posee cada figura. Es probable que el artista los realice para su goce personal, para experimentar en directo lo que puede lograr de la materia y para entrar aunque sea por momentos en estado de gracia.
Resueltos de manera impecable, pulidos, lustrados y acabados para tentar al que se para enfrente y obligarlo a tocar, a estar presente y asumir el juego que creó y al que alude.
La relación dialéctica que se produce entre materia y forma no se presenta exigida ni impuesta, maderas nobles como la pinotea, el algarrobo o el kiri, son los materiales que utiliza Cánaves con agregados múltiples de otros elementos como plumas, hilos piedras y todo lo que se le cruce para lograr sus expresivos personajes. Uno de ellos tiene una actitud complaciente y de sumisión hasta que se agacha y muestra su verdadera personalidad, esconde su mano en un gesto obsceno para dar cuenta de quien es en verdad. Tal es la obra “Su seguro servidor”. Otro personaje entrañable es el de la obra “Otra mejilla” un mofletudo hombrecito que deja libre y expuesta su cabeza para el cachetazo, hay que pegarle fuerte y así dobla su cabeza dejando la otra mejilla para asestarle otro golpe  preciso.
En todos los casos aparece eso sí, la significación inmanente de la forma estética, de la representación inspirada, del artefacto artístico-lúdico-poético que reafirma una y otra vez la pura expresión y la intuición de su creador.


Curación | 2011 | MARTHA PARDO





Curación | 2011 | PETE CÁNAVES





 

Día de la Inauguración - Vernissage 
































El MAC premiado en arteBA

El MAC de la UNL ha sido premiado por la fundaciones arteBA y Zurich, al ser seleccionado junto a otros dos museos del país para el programa Matching Funds arteBA - Zurich 2011, recibiendo una importante donación para acrecentar su patrimonio.

Directivos de los museos premiados, Malba, Museo Superior de Bellas Artes de Córdoba, y MAC UNL, presidente de arteBA y autoridades de Zurich.


 
17 de Mayo | Pre-opening para la selección de la obra
en ArteBA











18 de mayo - Inauguración de la feria
ArteBA

















TROMPO

Milo Lockett

Celebración de la vida
14 de abril

Medias rayadas en los pies infinitos de una saltarina, mallas diminutas en los obesos cuerpos de dos bañistas mellizas, que se miran de soslayo, una corbata anudada al cuello determinando otra posición en el mundo, son algunas de las imágenes que nos muestra Milo Lockett, son muchas más, son cantidades, todas en un acorde constructivo de color, forma y ubicación en el espacio que lo determinan como un artista de nuestro tiempo.
Una vitalidad incontenida, como cataratas de dichos, voces, frases y palabras actúan generalmente como fondos contenedores de cada figura. Una cortina textual que cobija a los personajes y arma para ellos un entorno, un anclaje con datos variados que conectan lo que vemos con lo que Milo nos relata casi en broma, a veces con sorna se burla de sí mismo con frases usadas como recursos visuales.
El tratamiento espacial se subleva continuamente, vuelos audaces, saltos al vacío, corridas o vaivenes de caminantes, transforman el espacio circundante en apropiaciones geográficas múltiples. Como resabios de una tormenta, la acomodación de los elementos es arbitraria, se suceden, están allí indicando que importan pero sin orden, ni continuidad. Rondan vagabundos por el espacio todo, flotan hasta dar con su lugar,  en el asombro de los ojos luminosos que dan a cada rostro una pulsión de vida fuerte y contundente, casi celestial.
Vertiginosa dinamia, con un itinerario visual eufórico pero que se equilibra por resistencia y evita la desintegración de la escena. Se nota en su despliegue la variedad de funciones múltiples que compiten y se someten entre ellas. Rostros y huellas de un voluptuoso laberinto, gestado de impulsos y equilibrios. Paisajes entrañables de una vívida memoria, componen este cosmos, entregando una potente dosis de poesía, sumergiéndose en un espiral espacial que va datando desde el fragmento, lo simbólico profundo de cada aporte.
Así, frente a las obras de Milo Lockett sólo podemos de un golpe de mirada, saber de inmediato que estamos frente a un escenario lúdico, donde el juego del artista, sus personajes y sus visiones, (todas ellas obligadas a una síntesis esencial) tienen lo sígnico como atributo consciente de un registro pictórico elaborado, ofrece en directo el goce salvaje del asombro que se manifiesta en su pintura y de la celebración como filosofía y estado habitual de vida.
Las jerarquías pierden el tiempo con Milo, todo importa, todo está allí. Cada escena es una historia contada de varias maneras, donde la palabra, el gesto, el color y la forma son consecuentes y ocupan un lugar. Nadie podría decir cual cobra mayor importancia, el impacto visual es certero.
Algunos datos o imágenes están invertidos de su lectura habitual como dando cuenta que la inercia se apodera de los cuerpos y la gravedad se suspende, para dar curso a la imaginación del artista.
Sus figuras introducen el color completo, saturado, plantado allí con la vehemencia del contraste absoluto, se yerguen o se hunden entre planimetrías contundentes y manifiestas.
Hay una fuerte irrupción del sujeto en todas las obras de este artista, sujetos como centro del accionar visual, poblados de repentinos y azarosos movimientos, de trazos y grafismos que en acumulaciones capturan y narran el propio acontecer. Entre regueros de signos, va definiendo en secreta complicidad, la misteriosa presencia de los seres, evocando permanentemente lo humano reconocible. Enmarañados en los puntos de vista cambiantes, que se burlan de la continuidad del plano y  se enredan en su propio argumento, saliendo y entrando de cada escena, sin poder determinar nunca, un punto de partida y menos aún un lugar de llegada. Pareciera que la urgencia expresiva y volcánica de Milo, produce como una eclosión, así captura, elabora, crea y por sobre todo disfruta, consagra las imágenes a esa celebración constante y profunda, donde la elocuencia y la sinceridad vociferan expandiéndose para hacerse escuchar.
Todo indica que la naturaleza sigue su curso cuando vemos una obra de Milo, casi como en un sueño se suceden los hechos y la continuidad alberga a las escenas. Sus personajes cobran vida, se apresuran algunos de ellos, y como matando el tiempo, corren en un arrebato de inconsciente inmadurez, contemplando desde su escenario, el mundo que les tocó, apenas mueven sus ojos, pero lo abarcan todo, observan curiosos, sobrecogidos, atemorizados, todas las sensaciones humanas se suceden frente a ellos. Nosotros entonces así los vemos también y ya han conseguido robarnos el corazón, nos hacen tomar partido, nos dejan sin respuesta, sólo sabemos que estamos allí dentro, en la escena lograda y transmitida. Sus anuncios, simples e inesperados nos anudan a la obra y ya no podemos despedirnos.
Pareciera que en la dinámica activa plena que tienen estas obras, debieran emitir sonido, de alguna manera esto sucede, los vibrantes colores, la elocuencia directa de cada personaje en la escena, la textura visual concreta, todo a la vez, dan una rítmica vibración que hacen que uno sienta unos acordes, unos rumores, sonidos y zumbidos. Tal vez la pasión y el entusiasmo que las iluminan terminan produciendo el acompasado sonido de lo armónico.
Las fisuras de lo académico, son uno de los distintivos de Milo, es permanente el romper con el deber ser, con lo pautado en los códigos pictóricos salidos de las teorías de las Artes Visuales.
Se evidencia claramente un salto al vacío con lo preestablecido, una nueva manera de narrar, una nueva forma de crear imágenes con las fronteras desbordadas, la pintura cohabita con el diseño sin demarcar ribetes. No es necesario, la modestia de cada escena los vincula y merodea cercano el Animé,  el Street Art y por sobre todo el Art – Brut con su primitivismo asumido desde la independencia concreta.
Emparentado con la simplicidad y el rasgo infantil, el artista se juega a pleno con esta impronta, cuidando que no se cuele la formalidad ni la solemnidad, así mantiene a raya, el posible ingreso de lo serio y acartonado, para dejar libre, dar rienda suelta a sus logradas escenas.
Se observan códigos sígnicos esenciales en estas obras, despertándonos sentimientos y vibraciones evocadoras, todos efectos ligados a las emociones auténticas. Es evidente el aprovechamiento de las posibilidades expresivas de las formas, los colores y su coordinación conjunta en el plano.
Esto se debe probablemente a la identidad genuina que aflora con Milo, dada por la pura subjetividad implícita y el auténtico valor de relativizar las grandes pronunciaciones, es decir que sin pretensiones ni artificios, logra contemplar el mundo, pensarlo, analizarlo y simplemente representarlo.
Queda en nosotros, que seamos capaces de librarnos a la contemplación sin reservas, sin preguntas ni esperanza de respuestas, sólo queda intuir, dejarse afectar, y poder percibir la curiosa paradoja de que en la libertad de lo simple, lo tenemos todo.

En Chaco – Curación






Día de la Inauguración - Vernissage 







Charla de Milo Lockett en el MAC




En Casa