NÉSTOR FAVRE-MOSSIER.

serie "Ya no me hago pis"
8 de abril
Recientemente en el Museo de Arte Contemporáneo de la UNL fue expuesta la muestra fotográfica “Ya no me hago pis” del artista Néstor Favre-Mossier. Es de destacar la impronta generada por este autor a través de sus imágenes, composiciones de una simplicidad y economía de recursos en sus estrategias comunicacionales para llegar al público. Esto hace que sus registros fotográficos aparezcan con una contundencia explícita y directa a los ojos del espectador, que no puede entrar en el mundo de la infancia que propone Favre-Mossier sin reflexionar y sin captar el costado oscuro que se abre ante sus ojos. El dominio de la imagen permite muchas exploraciones, sus estructuras formales constituyen el objeto artístico en si mismo y apela a un terreno casi inexplorado de análisis de las obras, logrando un alto grado de expresividad, donde el tema no es aleatorio, sino que, por el contrario, es el centro de interés, el disparador y el fundamento de sus inquietantes imágenes.
Favre-Mossier nos pone en situación, entra en el terreno de las emociones, del temor, del sufrimiento y de la violencia perpetrada hacia la infancia, como una faceta del riesgo social en que ésta está inmersa.
Por otro lado, acompaña a la técnica y a la temática, una resolución del soporte que, en su repetición, genera un clima estético único en imagen fotográfica.
Lo que vemos aquí habla de una actitud ante el mundo, nos identifica con los derechos humanos del niño, trabaja la presencia desde la ausencia, sus imágenes son un modo de exponer, simbólicamente, ante el espectador aquello que para él, constituye un universo que responde a sus creencias, dolores y anhelos, desde donde se presenta para mostrarnos una parte del contexto en que le toca vivir a Favre-Mossier y a todos nosotros.  
Montaje






 

Salas del MAC






Vernissage











BEATRIZ MARTIN


Dibujos 
(obras de la última época de su vida, 1997)

El MAC presenta, en su apertura de temporada 2005, obras pertenecientes a su patrimonio, de la artista plástica Beatriz Martín, realizadas en la última etapa de su vida.
Se trata de dibujos en pequeño formato realizados en tintas, de una elaboración minuciosa, en la que se enlazan, síntesis formales de la flora y fauna, grafías propias del mundo íntimo de la artista, donde se pueden ver las huellas de su accionar técnico de impecable factura.

Nació en 1936 en Santa Fe. Estudió en la Escuela Municipal de Artes Visuales Manuel Belgrano y en la Escuela Provincial de esta ciudad egresando con el título de profesora de dibujo y pintura. Ocupó el cargo docente en la Escuela de Arte y se desempeñó en cargos técnicos en el Museo Provincial de Artes Visuales Rosa Galisteo de Rodríguez.
La visión de una síntesis aplicada al realismo, predominó siempre en su trabajo, con una búsqueda propia en los planteos compositivos, utilizó una gama colorística dentro de los colores tierras, ocres y otros cromatismos depurados con aplicación del blanco.
Las temáticas que desarrolla Beatriz Martín en sus obras apuntan siempre a la naturaleza, implicando floras y faunas autóctonas, con un despliegue de líneas y formas que van conformando sus composiciones con minuciosidad técnica, en su registro de profundidad expresiva.
La muestra que se presenta en el MAC es patrimonio del mismo, que se ve enriquecido en su acervo con estas obras de pequeño formato de Beatriz Martín, que pertenecen a la última etapa de su vida, todas de 1997 y la artista fallece en 1998.

Salas del MAC













SERGIO FASOLA

Lo otro. 
Serigrafías | Fotografías intervenidas | Pinturas.

15 de Junio
Serigrafías, fotografías intervenidas y pinturas, son las variables con que Sergio Fasola nos sorprende en su muestra Lo otro, haciendo alusión justamente a esto, que es lo no conocido del artista y que desde su mirada aparece como lo nuevo que ahora está produciendo.
En todos los casos hay una determinación de las composiciones, dadas por una concreción pictórica, que aparece con mayor o menor contundencia dependiendo de la técnica que está en juego, en las serigrafías es menor, avanza con una fuerte dinámica en las fotografías intervenidas y domina la escena en las obras de carácter abstracto. Es allí donde Fasola desmaterializa lo icónico, deja de lado todo recurso narrativo para dar cuenta de una intensidad pictórica que hasta ahora no habíamos visto en él.
Podríamos decir que a medida que se avanza en el recorrido de esta muestra nos vamos alejando de referentes directos, de significaciones, de semejanzas para ir adhiriendo poco a poco a un discurso visual vinculado a ciertos encubrimientos, para convertir en otra cosa, su acostumbrada carga de connotaciones.
Aparece otra naturaleza en expansión con nuevas alternativas, donde se ejerce un caudal de conexiones que acapara la mirada de quienes recorren las salas.
Subyacen artilugios conocidos desde lo fotográfico, pero explorados desde otros lugares, con diferentes fundamentos visuales. Se ejerce sobre ellos otro tipo de control para conseguirlos y se plantean novedades discursivas atravesadas por una atmósfera distinta, donde ya no se da lo surreal, tampoco lo estrictamente barroco de su producción anterior, nos remite aquí al montaje, a la escena creada desde una visión acabada de las formas, para luego taparlas, generarles superposiciones, adjudicarles distracciones, sepultarlas y así arrancarles su riqueza primigenia.
Avanza sobre sus imágenes como determinando una culminación de su propia historia visual, casi como si fuera inevitable este proceso de desconexión con ellas. Hoy debe depredarlas para plantear otro surgimiento, otros dominios perceptivos, otras fuerzas expresivas, y nuevas jerarquías para sus obras, abre así otras potencialidades y deja en claro sus diversos dispositivos para modelar sus imágenes.
De este modo, en un proceso representacional de desdoblamiento de identidad de la imaginería típica del artista, hay ese fundirse entre el antes y el después, el ahora también trae una categoría extrema en Fasola,  que se instala en un anclaje abstracto de formas simples, con un predominio de arrastres de color, fundidos en el blanco, sustituyendo de cuajo su atrevimiento colorístico. De este modo el artista ha activado un campo estético inédito, ha incursionado en una diferente autorreferencialidad y así ha superado su propia identidad, haciéndonos conocer estas otras equivalencias simultáneas que no había mostrado todavía.
Cuando su obra estaba poblada de aspectos distintivos y de seguridades sostenidas por la satisfacción del reconocimiento, Fasola decide dar un salto al vacío, correr riesgos, intentar fuera de su orden establecido y complaciente. La urgencia pretenciosa de sus inquietudes, pone al descubierto su personalidad y su dinámica inspiración.
Seguramente sus configuraciones pasadas y presentes convivirán, se influenciarán entre si, y el artista transitará por donde sus deseos lo lleven, por donde lo impulsan sus instintos con independencia, con libertad creativa, revelando su espontánea subjetividad, asimilando sus extremos, replanteando sus alcances, estimulado por ese otro yo que valientemente hoy nos expone.

Visita Curatorial 








 



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